PARÁBOLA DEL ÁGUILA.
Muchas veces es necesario abrir los ojos y darse cuenta.
Cuenta de que hay una venda puesta y no nos deja mirar la realidad. Es capaz de
que en el momento oportuno aparezca una luz, un sonido, un movimiento que
permita despertar, dejar el status del reposo total.
Dejar de caminar en círculos y llegar a un punto en espiral,
un centro en el cual ya no hay para dónde tomar y es ahí, en ese punto, en ese
instante, en ese momento, en el cual, se escapa la fantasía y se entra a la
realidad. El momento en el cual se deja de estar inmóvil y se empieza a crear.
Los espacios en los cuales haya alguna oportunidad de crear,
de ser nuevo, de experimentar, son en esencia una parte importante para el crecimiento
personal y profesional.
Un águila con la mentalidad de un pollo es simplemente eso:
un pollo. Hay que dejar que las alas se extiendan, se den las nuevas
experiencias y se pueda tomar el vuelo. Vuelo que muchas veces queremos hacer y
que por alguna razón: Temor al cambio, temor al qué dirán, temor de salir de la
rutina, temor… no lo hacemos. Un impulso es lo que se necesita y una persona
que crea en nosotros, en cada uno, para poder llevar a cabo ese vuelo.
Es posible que en muchas ocasiones veamos a alguien hacer el
vuelo y corremos a detenerlo. Es posible que ese vuelo fuese el cambio que
aquel ocupara para tener una mejor vida.
Hoy, más que ayer, estirar las alas, emprender el vuelo y
más que eso, creerse que se es capaz de lograr lo que se le propone, tanto
bueno como malo, pero ser capaz de volar hacia lo bueno.
26-11-12. Capacitación
Prevención y abordaje de las drogas.
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